6/2/08

¿Qué hay dentro de un libro? XLVIII

Ya había pasado bastante tiempo desde el inicio de la guerra, cuando papa recibió el aviso de la oficina de reclutamiento. Le dijeron que no tenía obligación de ir, pero él se alistó voluntario. Mamá y tía Mae fueron a la estación a despedirle. Antes de subir al tren besó a mamá y lloró, y esa fue la primera vez que vi llorar a un hombre. El tren se puso en marcha y allí nos quedamos, viéndole alejarse. Incluso cuando dobló la colina y se perdió de vista, mamá siguió mirando la vía vacía durante largo rato.
La mayoría de los jóvenes del pueblo también se marcharon. Algunos regresaron cuando terminó la guerra, otros no. La mayor parte de los talleres mecánicos de la calle situada a través de la calle Mayor se quedaron vacíos. Las puertas de muchos colmados y tiendas estaban cubiertas con tablas, y en los escaparates estaba escrito: Cerrado hasta que dure la guerra. Pusimos una bandera en la entrada de la casa, como hacía casi todo el mundo. Las banderas se veían en todas las calles, incluso al norte del pueblo, donde vivían los ricos, pero allí no había muchas.


John Kennedy Toole. "La Biblia de Neón"

2 comentarios:

Cerillo dijo...

Esto es una de las cosas que más joden. Las guerras las ponen los ricos, los muertos los pobres.

Proyectodefilosofo dijo...

Cierto Cerillo, una reflexión que me ha hecho recordar tu comentario es aquél que se extrañana como eran los pobres los que iban a las guerras a defender un modo de vida que precisamente les mantiene pobres.
Curioso cuanto menos.