2/2/09

Pasando (d)el tiempo.

La desmedida afición de nuestros medios de comunicación por calificar hasta el más nimio suceso de “histórico” hace que me sorprenda por ver que dejan pasar un verdadero suceso histórico, que la sociedad occidental lleva ya más de tres décadas sin pensar, es decir, lleva tres décadas sin producir conceptos, sin establecer nexos de sentido que permitan explicar el estado de cosas existentes, ni mucho menos cuestionarlo.

Cuando cayó el muro de Berlín, desde el bando ganador se pretendió que con la guerra fría había acabado también la historia misma, del derrocamiento del (mal) llamado “Socialismo real” se pretendía extraer la siguiente conclusión: El modelo político ideal, definitivo y más beneficioso para el ser humano era la Democracia representativa basada en la economía (neo)liberal.
Incurriríamos en un error de análisis si no supiésemos ver lo totalitaria de esta afirmación, se nos anunciaba el fin de las ideologías ¡pero se hacía dicho anuncio desde una ideología concreta!, efectivamente, cuando Fukuyama proclamaba el fin de la historia y de las ideologías jugaba con algo muy serio, se afirmaba ni más ni menos que habíamos alcanzado el cenit del trabajo político, que la aventura de la ciudadanía que inicio Occidente en Grecia había finalizado de la forma más dichosa y feliz, cual proyección disneyiana; en adelante lo único que podríamos esperar es que los progresos de las ciencias positivas irían mejorando las condiciones de vida de la humanidad, así pues, con la URRSS fuera del mapa, la economía liberal quedaba sola y sin rival para apoderarse del mundo (Se suele decir que los que nacimos en la década de los 80 hemos vivido en una época de paz, cuando en realidad hemos vivido en una guerra global en la que solo había un bando, que se ha declarado vencedor por incomparecencia de rival).

Es en este sentido en el que podemos hablar como hacíamos al principio de “fin del pensamiento”, uno piensa cuando está en el tiempo, cuando aún se puede aspirar a algo mejor, pero una vez descubierta la panacea en forma de sistema político-económico ¿Para qué pensar? Con la economía neoliberal haciendo de las suyas por cualquier lugar del orbe ¿Dónde quedaron los keynesianos? estos simpaticuelos economistas que propugnaban el control económico del mercado por parte del Estado están en la encrucijada, su época de esplendor pasó y solo pudieron observar como los neoliberales hacían y deshacían la realidad a su antojo, incluso se llegó a acusarles, a los que aún tenían los arrestos de discrepar en voz alta, de ser en realidad peligrosos extremistas, de comunistas, ni más ni menos, en realidad, los keynesianos nunca se han movido de su tranquilo sitio, lo que ocurrió más bien fue que el neoliberalismo se fue escorando tanto a la derecha que los keynesianos parecían de repente estar muy a la izquierda.
Ahora además se les encomienda la tarea de limpiar el estropicio de la economía neoliberal.

El colapso de la economía financiera que se nos viene encima parecía haber despertado a los medios de su sueño dogmático, me gustaría incidir especialmente en esta idea, si se repasan las hemerotecas de los medios de comunicación en los últimos cinco años nos encontramos con que cualquier atisbo de pensamiento crítico había quedado reducido a la nada, y se disfrazaba de bipartidismo saludablemente democrático lo que no era más que distintas versiones del neoliberalismo (En realidad, a Esperanza Aguirre y a Zapatero no les diferencian tantas cosas, solo hay que escarbar), hay quienes no nos cansaremos de remarcar hasta que punto es dictatorial y extremista la ideología que se había autoproclamado como fin final de la historia, como resultado definitivo de las diferentes escuelas de pensamiento y movimientos políticos que en el mundo han sido.
En las tertulias y en los debates la pregunta ¿Qué es la producción? fue sustituida sibilinamente por ¿Cómo podemos aumentar la producción?, dejamos de pensar (más grave aún, olvidamos la mayor lección que pudimos extraer de la Ilustración, no solo dejamos de pensar, dejamos de pensarnos) Formábamos parte más que nunca de las fuerzas productivas ciegas que avanzaban solo hacia Dios sabe dónde.

“Comunismo”, “Anarquismo”, “Capitalismo” (incluso esta última era una palabra que estaba muy feo usar, se prefería el término mucho más inofensivo “economía de mercado”) eran términos que formaban parte del pasado, pero entendiendo “pasado” como el discurrir temporal mismo, cuando en los medios se negaba el micrófono (el único instrumento a través del cual podemos ejercer nuestra libertad de expresión en el espacio público es, bendito sea el libre mercado, de naturaleza privada) a toda aquella persona que pusiese en duda la idoneidad del Capitalismo lo que se negaba era la Historia misma, el “paso del tiempo” era cosa del pasado, Occidente, en su afán de independencia había conseguido independizarse hasta del tiempo mismo, de repente estábamos en una sociedad “fuera del tiempo”, para nosotros el tiempo se detuvo. (Como en todas las utopías)
Cuando detuvimos el tiempo, paradójicamente, no pudimos parar de correr.

La economía era una rueda y nosotros Hamsters, corríamos (producíamos) muy muy deprisa, con el objetivo de correr más (producir más) al día siguiente, no podemos parar de producir lo consumido porque si no la economía se va al carajo, y nosotros con ella, naturalmente. Cuando esto ocurre estamos ya ante una siniestra versión del giro copernicano, por primera vez el hombre dejó de producir según lo que necesitaba comer y tuvo que empezar a comer lo que se veía obligado a producir. (Se dice también que el Capitalismo es el único sistema de producción ensayado por el ser humano caracterizado por la sobreabundancia, nada más lejos de la verdad, el Capitalismo es el sistema productivo del Hambre, hambre de los que no tienen nada que comer, y hambre, mucho más siniestra, de los que no pueden parar de consumir)
En este absurdo lógico de invertir el orden “causa-efecto” hicieron su Agosto los publicistas, quienes, puestas así las cosas, podríamos considerar como los ciudadanos más concienciados de este perro mundo, nos engañan y obligan a consumir, si, pero por nuestro propio bien.

La sociedad griega tenía como pecado más bajo, el pecado de la Hybris, se incurría en este pecado cuando el hombre se rebelaba contra su misma naturaleza, cuando negaba su naturaleza como hombre, pudiendo hacerlo de dos formas distintas, o bien rebajarse a ser menos que hombre y vivir como un animal o bien alzarse por encima y creerse un Dios.
Creo que nuestra sociedad comete pecado de Hybris de una forma muy particular, nos creemos dioses, pero en realidad hemos renunciado a nuestra humanidad, creemos ser, por decirlo a lo Fukuyama, “El último hombre”, ese que contempla con suficiencia toda su historia y, sustentado en su tecnología y su absolutismo moral, recrimina la historia del pasado, todo aquél que pensó antes de nosotros en realidad no pensó porque no lo hizo como nosotros, podemos impugnar todo pensamiento y costumbre porque “esos pobres atrasados no sabían lo que sabemos nosotros” y así, huérfanos de nuestra propia Historia (Me pregunto si esa orfandad autoimpuesta nos lleva continuamente a hablar, como decíamos al principio, en los medios de “sucesos históricos”, quizás debido a una nostalgia del tiempo mismo que no podemos -o no queremos- reconocer) y con una potencialidad tecnológica transformadora de la realidad como nunca antes se vio, tenemos que enfrentarnos a la crisis económica que amenaza con reventarnos nuestra burbuja, o el Hommo Economicus se extingue (por más que los friedmanitas lo intenten impedir) o se transforma en algo peor y aun menos humano.

Se habla en estos meses de reformar el Capitalismo, de hacerlo más humano ¿De verdad queremos eso? El Capitalismo es un sistema que en tres cuartas partes del planeta es incapaz de distinguir a un niño trabajando de una máquina funcionando, en este sistema lo ideal es que se produzca sin parar y que eso producido sea enseguida consumido, así pues, no hay una circunstancia más favorable para nuestro sistema económico que una guerra, en una guerra producimos sin parar misiles o bombas que al explotar se auto-consumen, no tenemos que preocuparnos por una sobreproducción, las bombas, gracias a Dios, explotan. Es la circunstancia ideal para la economía capitalista, es decir, a nuestra sociedad nos sale de lo más rentable matar gente.

Acabamos, en la tradición marxista se gustaba mucho de usar cierta analogía que equiparaba la revolución con un tren en marcha, una imparable locomotora que se llevaría al Capitalismo por delante. Tristemente, el charco de sangre que ha ido dejando el Capitalismo y el Stalinismo durante el siglo XX, nos ha hecho ver lo inapropiado de esa analogía, la revolución no es una locomotora imparable, eso más bien lo es el Capitalismo, que no se frena ante nada, la revolución bien podría ser el freno de emergencia que pare con toda esta locura.

5 comentarios:

OPIÜM dijo...

te agrego
te sigo leyendo
buen blog!

Una rosa en Luxemburgo dijo...

Muy bueno. Yo tb soy estudiante de "esa carrerucha".

Pues nada, ánimo y sigue escribiendo, que no es poco.

Proyectodefilosofo dijo...

Gracias, opiüm!
Y a ti también Rosa, de "amante del saber" a "amante del saber"! :)

supersalvajuan dijo...

Fukuyama y el fin de la Historia. ¿Quién se acuerda ya de él?

Proyectodefilosofo dijo...

Afortunadamente ya casi nadie.