25/6/08

Algunas reflexiones acerca de “Sobre la Paz perpetua”

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar.

Eduardo Galeano



Siempre se han considerado los escritos políticos de Kant como un mero anexo, pequeños opúsculos que en nada suman a sus dos grandes obras "La crítica de la razón pura" y "La crítica de la razón práctica" Uno de mis preferidos de estos pequeños escrítos es "Sobre la paz perpetua" junto por su puesto con su artículo "¿Qué es la Ilustración?" en el que Kant nos lanzó ese reto que debe hoy resonar más que nunca: ¡Atrévete a pensar!
A lo largo de la argumentación sostenida por Kant en “Sobre la paz perpetua” podemos encontrar otra prueba más para defender que sus escritos políticos no merecen ser tratados como un mero opúsculo descoyuntable del grueso de su edificio teórico sino que más bien deberían ser considerados como una parte legítima del mismo perfectamente integrable dentro de un todo racional y bien construido.

En sus reflexiones acerca del cuerpo armado que defiende al Estado y su apología porque pase a ser de carácter voluntario encontramos una clara reminiscencia de su teoría ética, los seres humanos son fines, no medios, “(…) ser tomados por dinero para matar o ser muertos parece implicar un abuso de los hombres como meras máquinas e instrumentos en manos de otro”1
El imperativo categórico(Actúa siempre de manera que quieras que tu acto se convierta en ley universal de comportamiento) aparece en su reflexión acerca de la discrepancia entre la moral y la política sobre la paz perpetua “Para conciliar la filosofía práctica consigo misma es necesario resolver con carácter previo si debe comenzarse por el principio material de la razón práctica (como objeto del arbitrio), o por su principio formal, esto es, por aquél principio que dice (principio fundado sobre la libertad en su relación exterior): obra de tal modo que puedas querer que tú máxima deba convertirse en ley universal”2


Y si forma un todo con sus escritos no políticos, estos no dejan de estar también conectados con las inquietudes intelectuales e históricas de su época, en el primer artículo para la paz perpetua deja establecido que la constitución civil de todo Estado debe ser republicana ya que es la única que garantizaría la libertad, la igualdad y la fraternidad (dependencia de todos los hombres con respecto a una legislación común), ideales estos que conformarán no sólo la base de toda la Ilustración si no también el ideal revolucionario francés.
Se podría decir que aunque Kant no ve probable que se de una paz perpetua en la realidad (De hecho en una muestra de su curioso humor al principio del artículo llega a decir que la única "Paz perpetua" de la que cree capaz al ser humano es la de los cementerios) no deja por ello de señalar que su realización es un deber moral para la humanidad, aunque no deja de resultar frustrante que en cierta manera hallamos subvertido el sueño de Kant en una pesadilla para tres cuartas partes del planeta.
La globalización actual en la que nos encontramos inmersos efectivamente ha conectado a todos los Estados del planeta tal y como deseaba kant, pero es al parecer lo único en lo que ha cumplido el proyecto kantiano, no está en el ánimo del neoliberalismo imperante en este proceso de transformación dar cabida a otros ideales señalados por el autor en “Sobre la paz perpetua”.

Durante dicho proceso, la figura del Estado conocido por Kant ha entrado en franco retroceso, que duda cabe que la globalización de la producción y el intercambio capitalistas han posibilitado que las relaciones económicas hayan cobrado autonomía prácticamente plena del Estado, que ya no puede imponerle ningún tipo de restricción a sus acciones, la consecuencia es que si la soberanía del Estado residía en los ciudadanos, estos han perdido toda posibilidad de influencia en los aspectos importantes, se ha perdido la cadena que conectaba la sede del poder con los ciudadanos ya que ésta sede ha pasado de ser el Estado a ser el mercado.
Ahora, por decirlo claramente, cuando se llega al gobierno, no se llega al poder.

Prescindiendo de las sedes territoriales de las grandes corporaciones multinacionales y de los organismos reguladores de la actividad mercantil (BM, FMI, OMC) podemos decir que sería ingenuo pensar que el capital o el neoliberalismo tiene una sede o es propio de una nación, esa etapa quedó finalizada con la época de los imperios de la modernidad, hoy quizá estemos ante un imperio descentralizado, sin obviar que un país como los EE.UU está claramente a la cabeza de esta transformación, pero no es desde luego la parte central del proceso. (Si por algo se define una multinacional es precisamente por no reconocer naciones).

Esta circunstancia responde a un cambio en el sistema productivo capitalista, del clásico fordista a uno post-fordista o capitalismo cognitivo, basado más en los bienes inmateriales que en los materiales y en general a una terciarización de la economía que ha desembocado en una desestructuración de la clase obrera clásica.

Así pues hemos pasado de la constitución de la federación de Estados libres que propugnaba Kant a una constitución no escrita que regula el mundo moderno, en el que ciertamente todos los países están integrados, lo quieran o no; el problema estriba en que en la constitución postulada por Kant subyacía como sustento teórico la universalidad de los postulados jurídicos (de base ética) de los ordenamientos constitucionales de los diversos Estados, mientras que en esta nueva constitución lo único que subyace es la ideología neoliberal y su proyecto totalizador.
La ONU supuso una base material a un esquema trascendental que respondía a los ideales kantianos de un Derecho que se situaría por encima del Estado pero no para establecer una relación de subyugación si no más bien manteniéndolos en una relación de igualdad, pero todo este proyecto se viene abajo cuando no se puede ir más allá de la lógica del mercado, el equivalente actual al Dios medieval, casi podríamos decir que cada día nos acercamos aún más a una Edad Media tecnológica en la que nada se puede hacer ni pensar fuera del mercado.

Tzvetan Todorov relata en su libro “El Jardín imperfecto” la historia de tres pactos, el primero rechazado entre Jesús y el Diablo, y el segundo y el tercero aceptados entre Fausto y Mefistófeles y entre el hombre moderno y el Diablo.
Cuando el hombre moderno recibió la voluntad por cumplir este pacto con el Diablo ignoraba el pago que este le iba a hacer pagar por aquella, Kant se situaría en el grupo de modernos que no se conformaron con la voluntad libre si no que exigieron que la razón fuese también liberada para que rigiese no solo el ámbito del conocimiento, dando lugar al conocimiento científico y seguro aunque alejado cada vez más de la vida si no también el de la esfera pública, es decir, que los designios políticos de los hombres se trazaran conforme a razón.
El precio del pacto nos condujo al paradójico individualismo de la masa, a la pérdida de fe en todo lo que se halle más allá de la materialidad e incluso en la pérdida de identidad hasta llegar a dudar de la propia idea de sujeto.

A pesar de que hoy en día nos hallemos más alejados que nunca de los ideales ilustrados no podemos dejar de señalar que las fuerzas creativas de la multitud que sostienen este imperio neoliberal sigan el consejo dado por Etienne de la Boëtie en su “Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el contra uno” y dejen, sencillamente, de sostener al tirano, en este caso el orden establecido, y sean capaces de construir autónomamente una organización política alternativa a los flujos e intercambios globales que configuran el mundo actual
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(1) Kant, I., “Sobre la paz perpetua”, ed. Tecnos, Madrid. Pag. 7
(2) Kant, I., “Sobre la paz perpetua”, ed. Tecnos, Madrid. Pag 55.