Entonces ¿Estamos atrapados en el mundo que conforma nuestra lengua, incapaces de ver más allá de esos límites? En mi opinión, no es así. Todo aquel que haya visto a su perro bailar de felicidad en la arena y sentido dicha felicidad, todo el que haya mirado a un coche cerca y visto al conductor sumido en sus pensamientos y sonreído al verse reflejado en esa persona, todos esos saben dónde se encuentra la salida del laberinto. En la empatía, en identificarnos con perspectivas que no sean la nuestra. Las vibraciones liberadoras y solidarias del compañerismo.
Los únicos que están atrapados son los que no son capaces de sentir empatía.
La montaña en el mar
Ray Nayler
(Y con este ya van 100 fragmentos, y los que nos quedan)



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