- ¿Qué le pasó entonces a Rapunzel?- Preguntó Trot como si nada hubiera sucedido.
- Cuéntanos el resto del cuento- dijeron con sus vocecitas Bess e Irene.
Las dos se quedaron dormidas antes de que su madre hubiera terminado de leer una sola página, y Trot hacía esfuerzos para que no se le cerraran los ojos. Eran demasiado jóvenes para entender lo que sucedía, por supuesto, o lo que podía llegar a suceder. Polly se alegraba de ello. Los demás seguramente sentían tanto como ella la necesidad de protegerlas. La señora Wyvern y la señorita Laburnbum habían bajado la voz y hablaban en susurros, y el señor Simms se levantó a ponerle una manta sobre los hombros a Bess. La señora Brightford le sonrió y siguió leyendo:
-<...y al cabo de muchos años de búsqueda, el príncipe oyó la voz de Rapunzel...>
-Mami-dijo Trot, sentándose y tirando de la manga de su madre-. ¿Y si los alemanes nos in vaden?-Preguntó, pronunciándolo como si fueran dos palabras.
-No lo harán- le respondió la señora Brightford-. Churchill no les dejará.-Siguió leyendo-:<Y las lágrimas de Rapunzel, al caer sobre los ojos del príncipe, le devolvieron a éste la vista. Y vivieron felices para siempre.>
- Pero ¿y si lo hacen? ¿Y si nos in vaden?
- No lo harán-le aseguró su madre, categórica-. Yo siempre te protegeré. Lo sabes, ¿verdad, cariño?
Trot asintió, y luego dijo:
- Si no te matan.
"El apagón"
Connie Willis






